

Red Canaria de Espacios Protegidos
Esta Red, según el Gobierno de Canarias, se compone de 146 Espacios que, en su conjunto, constituyen aproximadamente el 40% de la superficie del Archipiélago canario. En este sistema de ámbito regional todas las áreas protegidas se declaran y gestionan con un propósito común: contribuir al bienestar humano y al mantenimiento de la biosfera mediante la conservación de la naturaleza y la protección de los valores estéticos y culturales presentes en dichos espacios. Uno de los aspectos a destacar es el carácter de conservación activa que desempeña la Red. Existen ocho categorías: Parques Nacionales, Parques Rurales, Parques Naturales, Paisajes Protegidos, Reservas Naturales Integrales, Reservas Naturales Especiales, Monumentos Naturales y Sitios de Interés científico.

Logo de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos. Fuente: Gobierno de Canarias
Con el objetivo de integrar lo mejor posible en la realidad socioeconómica del archipiélago el papel de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos también se contemplan, además de las ocho categorías mencionadas, dos figuras claves en el ordenamiento del territorio: Las Áreas de Sensibilización Ecológica y las Áreas de Influencia Socioeconómica. Para que no quede tan solo en una declaración de espacios naturales, estos se ordenan a través de planes específicos a cada categoría de conservación. Tanto la planificación como la gestión de los espacios avanza de forma coherente gracias a la organización administrativa en la que intervienen el Gobierno de Canarias, los Cabildos Insulares, los Patronatos Insulares, el Consejo Asesor de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio y el Consejo de Espacios Naturales Protegidos. Además, el Parlamento de Canarias puede integrar en esta Red aquellas áreas que ostenten una protección específica otorgada por organismos internacionales o supranacionales.

Mapa de la Red de Espacios Naturales de Canarias. Fuente: Gobierno de Canarias

Infografía explicativa sobre la distribución de la superficie según la categoría. Fuente: Gobierno de Canarias
El artículo 9 de la ley 12/94 crea la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos, en la que deben aparecer los hábitats más significativos y principales centros de biodiversidad. Además de las ocho categorías, también podrán incluirse aquellas de rango internacional que designe el Parlamento de Canarias.
Breve explicación de las categorías de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos y los colores que se le asignan. Fuente: Gobierno de Canarias

De todas las categorías, los Parques Nacionales y Naturales son las áreas mejor conservadas, en la que la presencia del hombre es menor, el uso público en estas zonas y el favorecer el contacto del hombre con la naturaleza es el objeto de conservación. La diferencia entre ambas categorías es que el Parque Natural es declarado por la Comunidad Autónoma y gestionado por el Cabildo de la isla donde se encuentre su ubicación, mientras que en los Parques Nacionales la declaración corresponde al Estado, pero la gestión es conjunta por la Administración Estatal y la Comunidad Autónoma a través de la "Comisión Mixta de Gestión".
Un caso muy distinto es el de los Parques Rurales, que son áreas donde se mezclan entornos naturales con otros transformados por la acción del ser humano pero cuya presencia se considera como un componente mas y vital del ecosistema que hay que conservar. Las Reservas Naturales Integrales se trata de la categoría más restrictiva, ya que en ella se limitan casi todos los usos, mientras que en las Reservas Naturales Especiales admiten usos científicos, educativos y excepcionalmente de carácter tradicional.
Por otro lado, los Sitios de Interés Científico son áreas puntuales que se protegen para la conservación de un recurso biológico concreto. Finalmente, los Paisajes Protegidos y Los Monumentos son áreas de gran extensión los primeros, y de dimensiones moderadas los segundos, cuyo objeto de protección es fundamentalmente estético por la importancia de los valores panorámicos o emblemáticos que encierran.
Aprovechamientos, recursos, oficios y tradiciones forestales
En Canarias el pinar ha sido una fuente de riqueza natural y un valioso e importante punto para la economía insular. Desde tiempos pasados sus habitantes han sacado provecho de todos los recursos que ha generado, adaptándolos a su estilo de vida y sus técnicas, herramientas, medios de transporte y conocimientos para la exigente tarea que conlleva vivir en el monte. Del pinar se utilizaba casi todo, desde la madera hasta sus ramas, hojas, leña, piñas, resina…
Según nos cuenta José Santana Quintana, vigilante de espacios naturales de la isla de Gran Canaria, para entender el papel jugado por nuestros montes a lo largo de la historia en Canarias hay que tener en cuenta que los aprovechamientos forestales en estas zonas fue limitado en épocas anteriores a la conquista y demasiado acelerado en los siglos siguientes, por lo que la mayor parte de la masa forestal desapareció y quedó relegada a las zonas más altas de las islas.

Usos tradicionales de los montes en Canarias. Fuente: Gobierno de Canarias
Era una época con grandes y ejemplares de pino canario, de los que se extrajeron abundantes cantidades de madera, tea, brea y resina, ocasionando a su vez una intensa deforestación. Otro de los factores que contribuyó a la disminución de la masa forestal fue el pastoreo extensivo, que llegó a dañar los pinares retrasando la regeneración natural del propio monte. La evolución de los pinares comienza a partir de los años 40 - 60 con la recuperación de la masa forestal en medianías y cumbres debido a la disminución de los aprovechamientos tradicionales, el retroceso de la actividad agrícola y pastoreo, la desaparición de la industria naval, la sustitución de la leña por el gas butano como combustible, las nuevas repoblaciones de pinares y también las normativas legales para proteger los espacios naturales.
Hornos de Brea
Los hornos de brea eran construcciones compuestas por dos estructuras redondeadas, con forma de tronco cilíndricas, situadas en diferentes desniveles del terreno a una distancia de dos a tres metros entre sí y comunicadas a través de un pequeño canal. Estaban hechos con unos muros de piedra a doble hilada y unidos entre ellos con una mezcla de argamasa o barro. La unidad superior era mayor y hacía de horno, donde se introducían los troncos de madera, la tea y se le prendía fuego para su posterior combustión. La unidad inferior era menor y actuaba como vaso receptor con la destilación de la brea que se deslizaba por la canalización comunicada entre dichas estructuras. Una vez enfriado y solidificado el producto, la brea se envasaba en unas cajas o torales de madera y se transportaban sobre animales de carga a la costa o a su lugar de origen. La brea era un producto viscoso de color oscuro, resinoso y sólido que se obtenía por la destilación de madera, tea de pino canario.

Hornos de Brea. Fuente: FEDAC
Dichos hornos tuvieron su gran actividad desde el siglo XVI al XVIII, coincidiendo con el desarrollo de la construcción naval de Canarias. En la época de la conquista ya se producía la brea, que por ser un producto de gran valor, llegó a ser exportado a otros países del exterior convirtiéndose así en un recurso estratégico ya que se utilizaba como producto impermeabilizante para la fabricación y reparación de barcos de madera, cuya operación se conoce como el calafateo.
El uso de estos hornos para la obtención de la brea, donde se elegían especialmente los ejemplares de pinos más selectos y grandes del bosque, causaron un gran deterioro ambiental en Canarias y produjeron una intensa deforestación del monte. Hoy día se conservan varios de estos hornos, repartidos en diferentes puntos de los pinares de las Islas Canarias.
Hoyas de Carbón
Las hoyas carboneras eran construcciones necesarias para conseguir la elaboración del carbón vegetal obtenido de la madera. Una vez preparada la superficie del terreno, se colocaban en zonas libres de vegetación y se orientaban de forma que la brisa recorriera toda la hoya. Se colocaban unas hiladas de piedras en todo el perímetro de su base, dejando una gatera y algunos respiraderos, luego se ponía la madera de mayor a menor tamaño y grosor de forma ordenada para luego cubrirla con un manto de pinocha y echarle tierra en su totalidad para dejarla bien tapada.
Habían dos formas para construirlas, estilo cumplida o tradicional, de forma más baja y alargada, donde la madera se colocaba en posición vertical. Las dos formas funcionaban técnicamente igual, la única diferencia entre las dos es que en la cumplida se le prendía fuego por la parte inferior, en la gatera preparada para ello, y en la cubana se le introducían brasas por su parte superior por una abertura preparada para encenderla.
El carbón se conseguía de la combustión lenta y total de la hoya cuyo proceso llevaba varios días o semanas, dependiendo del tamaño y tipo de madera. A comienzos del siglo XX fue una actividad puesta en práctica fuera de la legalidad, era la única y principal fuente de energía en todas las casas, se utilizó en las cocinas, estufas, planchas y también fue un producto muy valioso que llegó a usarse como moneda de cambio y daba al carbonero cierta seguridad económica.
El carbonero en esas épocas se veía obligado a pernoctar siempre cerca de la hoya construida para poder controlar y vigilar la misma, conseguir una correcta carbonización y evitar al mismo tiempo cualquier quema innecesaria del monte. También hay que tener en cuenta que las hoyas carboneras fueron muy vigiladas por los guardas forestales, encargados de evitar la tala y quema indiscriminada de los montes.

Hoyas de carbón. Fuente: Yuri Millares. PellaGofio

Pino Canario. Fuente: Turismo de Observación
Aserraderos de madera
Cuando antiguamente no existían aserraderos mecánicos, motosierras o maquinarias modernas, ni vehículos de arrastre, el ser humano realizaba a mano todo el trabajo con sencillas herramientas que existían (hachas, serrotes, sierras…). También debían cargar o arrastrar con animales todas las cargas pesadas. Para sacar la madera cortada a medida, según los pedidos, realizaban los siguientes pasos: tumbaban los pinos seleccionados con hachas y, una vez en el suelo, empezaban con el desbroce, limpiando sus ramas y nudos. Luego los cortaban en tolos y se medían a unos 3 metros de largo. Seguidamente se labraban dejando las cuatro caras rectas e iguales. Para aserrar la madera se hacía un aserradero con unas construcción a base de piedras bien amontonadas formando un muro de un metro y medio de alto por dos metros de largo, eligiendo espacio y poder realizar los trabajos.
Estos cerramientos de madera lo hacían con serrotes y sierras de unos dos metros de largo, que se cogían a ambos lados por unos palos con forma de mango, para cuya operación se necesitaban dos o tres trabajadores. Terminadas todas las labores de trabajo, la madera se cargaba en bestias mulares y burros y se llevaba a su lugar de destino.
Recibos de pinocha y monte - piñas
Los recibos eran construcciones hechas con piedra de forma variada y ajustada en lugares elevados a bordes de pistas para facilitar la carga de los materiales a los medios de transporte. Eran lugares donde se recibían y se apilaban las manadas o haces de pinocha o monte. La pinocha era recogida por los pinocheros en el suelo del pinar, con sus tradicionales rastrillos de mano, hechos con dos garfios de metal curvados y unidos con un alambre a un cabo de madera de unos 40 centímetros de largo. El monte (escobones, retamas, codesos…) lo secaban los monteros en diferentes zonas del pinar con hoces, las cuales tenían una hoja arqueada, fuerte, dentada y cortante, con un mango de madera muy resistente para su labor.
Una vez recogida la pinocha y segado el monte se amarraban las diferentes manadas o haces con sogas o hilos de forma segura y eran llevadas a hombros o en bestias de carga hasta el recibo por los propios jornaleros, allí se pesaban y se apilaban para posteriormente cargarla en camiones con mano obrera, que utilizaban para ello horquetas formadas por varios gajos de metal y con un cabo largo de madera.
La pinocha recogida se destinaba para el empaquetado de plátanos, elaboración de estiércol o abono, cama de ganado e incluso para rellenar los colchones o almohadas. El monte también se utilizaba para abonos orgánicos, cama de animales y fertilizantes para tierras de cultivo. Las piñas, fruto del pino canario, se recolectaban para obtener sus semillas conocidas como piñones, las cuales se seleccionaban para nuevas repoblaciones de montes, además se aprovechaban como leña para hornos, cocinas… también su resina se convirtió en buenos remedios medicinales.

Aprovechamiento de la pinocha. Fuente: Apigranca
